Historias de un suscriptor #03 — María Julia Benvenuti
Julia prepara café en moka desde hace años. En su cocina hay varias, de distintos tamaños y formas, aunque siempre vuelve a la misma: una Bialetti chiquita clásica. Tiene 60 años, es médica dermatóloga, madre de tres hijos —todos cafeteros— y, según dice, suscriptora de Culto “desde hace una vida”.

¿Hace cuánto estás suscrita a Culto?
Parece que desde hace una vida que soy suscriptora de Culto. Empecé cuando salió el aviso y fuimos suscriptores bastante tiempo, hasta que en un momento suspendimos porque venían cafés muy variados de todo el mundo, de Etiopía o de lugares muy altos. La verdad es que no me llevaba mucho con la acidez y la terrosidad de esos cafés.
Después vino la posibilidad de elegir Brasil y ahí volví. Esa variedad me gusta muchísimo, tiene para mí la acidez justa, hasta donde yo puedo tolerar.
¿Cómo llegaste a la moka?
El café que más me gusta es el espresso. Pero las máquinas de espresso domiciliarias, por lo menos en mi experiencia, no duran mucho. Un año, dos años, tres años… y se rompen.
Entonces descubrí la moka, que me permitía tener un café bastante parecido al espresso y además no se rompía. Ahí empecé a probar todos los tipos y tamaños de moka: las más chiquitas, las grandes, las medianas, las redonditas… y realmente me quedé con la Bialetti clásica chiquita. Cuanto más chica, más rico el café para mí.
¿Qué es lo que más disfrutás alrededor del café?
Me encanta viajar y viajo muchísimo, por suerte. Puedo decir que conozco casi todas las cafeterías de los lugares donde estuve porque soy de las que camina, camina, camina… pero siempre para a tomar un cafecito y probar el café del lugar.
No los bares clásicos, sino buscar una tiendita de café de especialidad o artesanal. Me gusta hablar con quien lo vende, preguntar de dónde es el café, cómo lo hicieron, cómo lo preparan. Ese momento me encanta.